La "virginidad" es un mito. ¡Corre la voz!

El término “perder la virginidad” lo tenemos que cancelar inmediatamente, pues es solamente un concepto creado específicamente con el objetivo de controlar la sexualidad de la mujer. ¿Se acuerdan?, cuando las mujeres eran propiedad de sus papás, y después de sus esposos. Como colectivo, nos educaron creyendo que la “virginidad” mantiene un juicio de valor en la mujer. Donde interviene un contexto religioso, político, social, cultural, y educacional. Realmente la decisión de tener relaciones sexuales, y de empezar una vida sexual activa, es una decisión personal del ser humano.

“Perder la virginidad” antes del matrimonio se asocia como un pecado en el catolicismo. En otras culturas, se ve a las mujeres como impuras o sucias, quienes pierden el respeto de la sociedad, pues el valor de la mujer reside en su conducta sexual. La famosa frase en inglés “popped the cherry”, y otras más que hemos adoptado de Hollywood también nos han guiado a muchos malentendidos, que han generado etiquetas negativas alrededor de la sexualidad femenina. Nos contaron una historia muy poderosa, y la creímos tanto que la seguimos contando. Nos impusieron una barrera física, una narrativa inconsistente y confusa, principalmente vinculada con el himen, y la marcaron con la palabra “virginidad”. Decimos que el himen se rompe la primera vez que una mujer tiene relaciones sexuales, lo que resulta en sangrado la mayoría de las veces, ¿no? Esto es falso. Todo lo que nos enseñaron sobre el himen es incorrecto. Para empezar, ¿sabías que existen muchos tipos de himen?

¿Por qué tenemos himen?

El nombre Hymen viene de la diosa Griega del matrimonio, y así nos referimos a la fina membrana que cubre parcialmente la vagina, el cuál no tiene mucha funcionalidad biológica. Hay que entender que antes de la pubertad, la vagina es extremadamente delicada, susceptible a infecciones y a lesiones, porque todavía no contiene estrógeno, esta hormona que hace el tejido vaginal más fuerte, grueso, y resiliente. Entonces, durante nuestros primeros años, el himen existe para proteger esta frágil estructura de factores externos. Después de la pubertad, una vez que los ovarios empiezan a producir estrógeno, el tejido vaginal se endurece, se hace más grueso, por lo que el himen ya no tiene ese “propósito de protección”.

Lo que sí tenemos que saber del himen

  • Puede ser que tengas himen o que no lo tengas. Algunas mujeres nacen sin himen.

  • El himen NO se rompe, ni se queda roto para siempre. El himen se estira, se vuelve más flexible. En algunas mujeres se llega a lastimar, o se estira de más, pero solito vuelve a sanar.

  • Algunos son más resistentes, otros son frágiles. Unos desaparecen durante la adolescencia, otros permanecen después de la menopausia.

  • El tamaño del himen NO depende de si una vagina es penetrada o no.

  • También, normalmente no sangra. La sangre con la primera penetración tiene que ver con un desgarre vaginal, debido a la falta de lubricación. La sangre no es porque se “rompe el himen”.

  • En algunas mujeres el himen se lastima con el ejercicio, y otras actividades físicas.

  • Algunas mujeres nacen con himen imperforado. Cuando la membrana sigue siendo muy delgada, pero es más sólida ya que cubre toda la entrada de la vagina.

  • Otras mujeres nacen con himen microperforado. Cuando existen mini orificios en la membrana.

  • Algunas mujeres tienen himen septado. Cuando el tejido es más grueso.

Lo que ocasionan las creencias erróneas

Algunas mujeres son golpeadas o inclusive en algunas culturas las matan por no tener himen.

Hay mujeres a las que no les creen que las violaron sexualmente porque su himen está “intacto”.

Dejamos de considerar como sexo todo lo que no tiene que ver con penetración (pene-vagina), por lo que se hacen invisibles las relaciones entre dos mujeres.

Seguimos educando a que se piense la sexualidad de la mujer como algo negativo, cuando no lo es.

¡Cambiemos la narrativa! Enseñemos a nuestros hijos a aceptarse como seres sexuales, a querer sus cuerpos, y a respetarlos, para que así aprendan a respetar el cuerpo del otro.

Fuentes:

Lissa Rankin, M.D

Emily Nagoski, Ph.D